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Un país excepcional

Del Loira a la costa de Bretaña

                    Travesía moderna de un antiguo país

Con este nombre, diversas ciudades de la Bretaña partiendo de Nantes, ponen a disposición del viajero un itinerario muy interesante para realizar en una semana. El trayecto por carretera que se realiza por cuenta del viajero, parte de Nantes recorriendo el estuario del Loira hasta Saint-Nazaire (ver artículo Nantes, ciudad de arte e historia), después va hasta localidad balneario de La Baule, el pueblo medieval de Guérande con sus salinas, para enfilar hacia el norte y llegar a Rennes, la capital administrativa de la Bretaña. Luego, hacia la costa para empezar el recorrido en Saint-Malo, fortificada por los cuatro costados, Cancale para degustar media docena de ostras y terminar en Le-Mont-Saint-Michel, una maravilla de pueblo abadía levantado sobre una roca.

El Mont-Saint-Michel nos espera al final del recorrido
El Mont-Saint-Michel nos espera al final del recorrido

Desde Saint-Nazaire a La Baule tenemos 16 km. Esta ciudad balneario es famosa por su playa de 9 km que se encuentra en una gran bahía. También por las antiguas y elegantes villas de veraneo que han subsistido entre grandes árboles. Fue en el pasado cuando, para evitar que el pueblo fuera engullido por la arena, se decidió plantar cientos de árboles. Actualmente, el frente marítimo ha sucumbido a la especulación turística mientras que, detrás de la primera línea de apartamentos, se pueden ver bonitas casas de colombage cuya planta baja la ocupan tiendas de todo tipo y grandes mansiones rodeadas de jardín donde, los arquitectos en el siglo XVIII dejaron volar su imaginación. Estas viviendas ahora están protegidas y forman parte de un patrimonio de gran valor, al que se unen hoteles como l'Hermitage con su interior de Art-decó, el gran Hotel Royal o el Relais Chateaux Castel Marie-Louise.

Muy cerca de La Baule se levanta el pueblo medieval de Guérande, tan famoso por sus murallas, la colegiata de Saint-Aubin y sus callejuelas repletas de tiendas, como por la flor de sal que se extrae de sus salinas. Terre de Sel es un complejo salinar cuyos propietarios se agrupan y comercializan la sal a través de una cooperativa. Se visita la tienda por libre y las salinas mediante visita guiada.

La capital de la Bretaña

Desde La Baule a Rennes tenemos 127 km siguiendo en parte el río Vilaine que atraviesa Rennes. Por el camino, si tenemos tiempo podemos parar en Fégréac, lugar con algunas creaciones artísticas como el Belvédére, una gran estructura de madera de doce metros de altura desde la que se puede observar un amplio panorama.

La ciudad de Rennes se reparte entre su casco antiguo con casas de colombage y numerosas iglesias que milagrosamente sobrevivieron a los incendios y la nueva ciudad al sur con edificios modernos de atrevido diseño. En Rennes hay dos líneas de metro, pero para recorrer el núcleo histórico lo podemos hacer a pie sin ningún problema. Este se distribuye entre la Vilaine y la plaza de Santa Ana al norte, donde se encuentra la oficina de turismo. Nuestros pasos de entrada se pueden dirigir al antiguo Parlamento. Se visita con reserva y en el interior, artesonados de madera tallada y dorada, lienzos y pinturas murales en techos y paredes que reflejan una época de esplendor. Actualmente en el edificio hay los juzgados. Muy cerca, la Place de la Mairie con la Ópera a un lado, frente al Ayuntamiento. No lejos de aquí la puerta de entrada a la ciudad fortificada defendida por dos torres que fueron reconstruidas en el siglo XV, conjunto que hace poco se han puesto en valor; al otro lado la catedral dedicada a san Pedro, escenario de importantes momentos históricos.

Edificio del antiguo Parlamento de Bretaña
Edificio del antiguo Parlamento de Bretaña
Place de la Mairie con el edificio de la ópera
Place de la Mairie con el edificio de la ópera

Y en la parte alta de este barrio la plaza de Santa Ana, centro del ambiente juvenil con todas las calles que convergen hacia allí flanqueadas por casas de colombage y repletas de bares y comida rápida. La amplia plaza está presidida por el gran templo de Saint-Aubin. El jueves por la noche, día de la movida estudiantil, en algunas de estas calles no se puede dar ni un paso.

Más tranquilas y comerciales son las calles alrededor de la plaza del Ayuntamiento con fornidos edificios en piedra y la Rue Vasselot con algunas pastelerías que invitan a la degustación. Los sábados hay que acercarse a las Halles Martenot, el gran mercado que rebosa de animación y si no coincidimos con este día, el Mercado Central en el Boulevard de la Liberté, también permite ver cada día los productos de proximidad.

Ambiente juvenil alrededor de la Plaza de Santa Ana
Ambiente juvenil alrededor de la Plaza de Santa Ana
Plaza de Santa Ana con el templo de Saint-Aubin
Plaza de Santa Ana con el templo de Saint-Aubin
Casas de colombage en el centro de Rennes
Casas de colombage en el centro de Rennes

Vale la pena dar un paseo por el Parque del Thabor. El antiguo jardín de los monjes benedictinos de la abadía de Saint-Melaine, fue acondicionado en el siglo XIX para uso y disfrute de los habitantes de Rennes. En sus 10 hectáreas de extensión encontrará un jardín francés, un parque inglés, un quiosco de música, una pajarera, l'Orangerie y una excepcional rosaleda con más de 2.000 variedades.

Una curiosidad artística que se puede ver en determinados puntos de la ciudad, son los mosaicos de Odorico. Era a finales del siglo XIX y durante el primer cuarto del siglo XX, época que en toda Europa florecía el Art-decó con sus distintas variantes. Isidore Odorico cuyos ancestros provenían de Italia, domina la técnica a caballo entre las teselas del mosaico y el trencadís de Gaudí. Muchos edificios resultan decorados por Odorico como la piscina municipal, el edificio Poirier y la Creperie Bretone, donde además se pueden degustar excelentes galettes.

Mosaicos de Odorico en la Creperie Bretone
Mosaicos de Odorico en la Creperie Bretone
Puerta de entrada a la ciudad amurallada
Puerta de entrada a la ciudad amurallada
Parque del Thabor con la Orangerie al fondo
Parque del Thabor con la Orangerie al fondo

En busca de la costa atlántica

De Rennes saldremos destino a Saint-Malo, localidad de la que nos separan 100 km. Por el camino tenemos parada obligada en Hédé-Bazouges, donde hay una espectacular sucesión de once esclusas en una zona natural protegida. Poco después nos encontraremos en Bécherel y sus antiguas casas de nobles y mercaderes. Es un lugar para pasear entre tiendas de artesanos, artistas y anticuarios. Tendremos que recorrer 22 km para llegar a Dinan, ciudad que puede recorrerse a pie siguiendo sus murallas o entre el entramado de callejuelas curioseando en sus tiendas y galerías de arte. Sus casas de colombage guardan buena parte de la historia de Bretaña. En el centro de esta villa medieval, la basílica de San Salvador nos propone un recorrido arquitectónico que va del siglo XII hasta el XVIII. Detrás, desde el Jardín de los Ingleses tenemos una bonita perspectiva del puerto fluvial donde los restaurantes nos esperan para comer. Luego podemos hacer una caminata por el río Rance y seguir el itinerario Art au fil de la Rance, mezcla de bonitas panorámicas y monumentos con instalaciones artísticas.

De Dinan a Saint-Malo tenemos 34 km. El Atlántico nos espera con sus mareas en esta población que fue refugio de corsarios. El principal monumento lo dedican a uno de ellos; se trata de Robert Surcouf que, al servicio de la corona francesa se convirtió en el terror de los barcos ingleses. Otros personajes ilustres fueron Jacques Cartier, descubridor del Canadá y cuya tumba se encuentra en la catedral de Saint-Vincent y el escritor Chateaubriand que está enterrado en una de las islas que rodean la población.

Saint-Malo
Saint-Malo
Saint-Malo, muralla y castillo
Saint-Malo, muralla y castillo
Banderas de Saint-Malo y de Bretaña
Banderas de Saint-Malo y de Bretaña

Saint-Malo es un destino turístico de primer orden. El casco antiguo se conserva completamente amurallado y eso que fue destruido en un 80% durante la II Guerra Mundial. Los trabajos de reconstrucción lo dejaron mejor de lo que estaba y un paseo por encima de la muralla permite percatarnos de la disposición de las callejuelas, así como de las islas que pueblan la ensenada, casi todas defendidas por un castillo según diseño de Vauvan, el ingeniero militar que en el siglo XVII fortificó toda Francia. La plaza de Chateaubriand junto al castillo, en la entrada del recinto amurallado, invita a sentarse en cualquiera de las numerosas terrazas. Una ancha playa de varios kilómetros de longitud es el lugar para realizar numerosas actividades. Protegida por el dique de Rochebonne, desde el paseo marítimo es un buen lugar para deleitarse con las puestas de sol. Y para los amantes de las historias de piratas y corsarios, en el puerto se puede visitar l'Étoile de Roy, una réplica de una gran fragata corsaria.

Monumento al corsario Robert Surcouf
Monumento al corsario Robert Surcouf
Réplica de una fragata corsaria anclada en el puerto de Saint-Malo
Réplica de una fragata corsaria anclada en el puerto de Saint-Malo

Ostras y Patrimonio de la UNESCO

Ahora nos dirigiremos a Cancale siguiendo el itinerario de la costa. Unos 20 km nos separan de esta población que recorreremos disfrutando de las vistas y de las rocas esculpidas en el acantilado. En Punta del Grouin, antes de llegar a Cancale, tenemos una buena perspectiva de toda la costa que hemos recorrido. Además de bar-restaurante hay distintos senderos para desentumecer las piernas. Cancale, la perla de la Costa Esmeralda, nos espera con sus famosas ostras. La población encima de un altozano y abajo, el puerto con los restaurantes, bares y el mercado de ostras para degustarlas. Al fondo de la gran bahía, ya podemos distinguir la imagen del Mont-Saint-Michel, aunque aún nos quedan 40 km para llegar hasta allí.

Fiesta de las ostras en Cancale
Fiesta de las ostras en Cancale

Los recorreremos por la carretera que sigue la costa pasando por pequeños pueblecitos que nos invitan a relajarnos en sus terrazas tomando una sidra. El Mont-Saint-Michel es una maravilla distinguida como Patrimonio de la Humanidad. Su popularidad a veces hace que la avalancha de gente desluzca un pueblo con su abadía que fue construido sobre una roca. En el año 966 una comunidad benedictina levantó en este lugar una primera iglesia que enseguida quedó pequeña por la cantidad de peregrinos que acudían a su cita con el arcángel san Miguel. En el siglo XIII empezó la construcción de la actual abadía cuyo campanario termina en punta rematado por la figura de san Miguel. Todo el conjunto está defendido en la cara sur por una muralla que se puede recorrer. Por encima de este conjunto medieval, donde las tiendas y los restaurantes han sustituido las antiguas posadas y los cuerpos de guardia, se alza el monasterio, un conjunto de salas, criptas, iglesia y claustro que vale la pena recorrer. Durante julio y agosto, a partir de las 19.30 h excepto domingo, la iluminación interior de las dependencias le confiere un halo de misterio. Con la marea alta el Mont-Saint-Michel queda rodeado de agua. Hay que estar atentos a este fenómeno sobre todo si vamos a pasear por su alrededor.

                                                         Guía práctica

Recorrido. El total de este itinerario supone un recorrido de unos 380 km por buenas carreteras.

Le Mont-Saint-Michel

Una carretera con una plataforma elevada que permite la circulación del agua con la marea alta, une tierra firme con el Mont-Saint-Michel. Grandes aparcamientos a unos 3 km son el lugar para dejar el vehículo. El precio de 15 € incluye el servicio gratuito de lanzaderas que te acercan al conjunto. En la zona de aparcamiento hay todo tipo de servicios.

A pie se puede llegar por esta misma carretera (unos 40 minutos) o por una senda que sigue el curso de Le Couseron desde el pueblo de Beauvoir (unos 50 min). En este último caso no hace falta pagar el aparcamiento.

Tanto en la zona cercana al aparcamiento, como en Beauvoir y en el interior del Mont-Saint-Michel, hay numerosos hoteles y restaurantes.

www.ot-montsaintmichel.com/es/

Gastronomía

Galettes elaboradas con el trigo sarraceno, ostras, marisco y sidra con cuatro productos que deben tenerse en cuenta en una visita a Bretaña. La Creperie Bretone en Rennes es un lugar excepcional para degustar galettes elaboradas con mucha imaginación.

Más información

La Baule www.labaule-guerande.com

Rennes www.tourisme-rennes.com

Saint-Malo www.saint-malo-tourisme.es/

Abadía Mont-Saint-Michel www.abbaye-mont-saint-michel.fr/es/

Texto: Mª Àngels Castillo y Jordi Bastart. Fotos: Jordi Bastart